21 de abril de 2006

ESQUIZOFRENIA



Una entrada de la siempre estimulante bitácora de Juanjo Jambrina se refiere a la esquizofrenia. Y, a propósito de la distinción entre las denominaciones «esquizofrénicos» y «personas con esquizofrenia» hace su comentario alguien que firma como Simón Suerte, al parecer un profesional de la salud mental. Habla sobre la esquizofrenia con humanidad y sensatez, pero lo que más me interesa es una consideración suya respecto de la invención de palabras para realidades non sanctas. Copio aquí el párrafo (las negritas son mías):

«Podemos dejar de llamarlos esquizofrénicos, psicóticos, locos, jamados, personas con esquizofrenia... Qué más da el nombre: sus problemas persistirán. Siempre he dicho que no es el nombre de la enfermedad el que genera el estigma. Son los comportamientos alterados que esta enfermedad genera en el sujeto enfermo. Ayudémosles a mejorar en su vida laboral, familiar y social, y veremos que el estigma se reduce. Cambiemos simplemente el nombre, y como siempre, todo seguirá igual».

Una reflexión aplicable, sin duda, a muchas otras situaciones de marginación.

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