16 de julio de 2012

El coche de san Fernando


No sabemos a ciencia cierta el origen del dicho por el que se invoca a san Fernando como patrón de caminantes. Hablamos de «ir como en el coche [o el carro, o el caballo] de san Fernando, un rato a pie y otro andando», pero es muy probable que detrás de ello no haya ningún interés por evocar la vida y milagros del santo sino que todo se reduzca a una cuestión de rima. La literatura clásica ofrece algunas pistas al respecto. Sin embargo, todas ellas apuntan a otro santo diferente: san Francisco. En el Tesoro de la lengua castellana, Sebastián de Covarrubias explica cómo los religiosos franciscanos daban largas caminatas y el pueblo, acostumbrado a ver sus idas y venidas, empezó a llamar «el caballo de san Francisco» al báculo en que se apoyaban. De modo que «ir en el caballo [o la mula] de san Francisco» era lo mismo que ir a pie. De quienes se veían obligados a hacer sus trayectos andando por falta de recursos para hacerse con otros medios de transporte se decía burlescamente que eran «discípulos [o devotos] de san Francisco». La asociación de ideas venía favorecida por la fama de austeridad que acompañaba a los franciscanos. Así lo encontramos escrito en obras como la Segunda parte de Lazarillo de Tormes de Juan de Luna (1620) o El donado hablador (1624) de Jerónimo de Alcalá. A lo largo de los siglos hay continuas alusiones irónicas del mismo tipo a la «mula de los frailes», al «coche de los pobres» o al simple hecho de ir «como san Francisco, un rato a pie y otro paseándonos». Curiosamente hoy el humor popular ha retomado la tradición de tropos religiosos y llama «corazonistas» a los paseantes, en particular a los que caminan por prescripción facultativa. Pero esa es otra cuestión.


Caminantes a Santiago. Escultura de Vicente Galbete en el Alto del Perdón (Navarra)